Un día la dulzura agarró mi corazón, hizo de mí un blando, un soñador, un romántico. Mis heridas no sanaban, mis miedos crecían. Pero mis sentimientos todavía tan indefensos y presos de voluntades de sensaciones furtivas y enamoradizas, fueron marcados para siempre como se tatúan los caballos destinados a entrar en la plaza de toros.
Ya sabemos el destino cruel y sangrante que les espera, y aun así respetamos, admiramos su dignidad, coraje y majestuosidad frente a la muerte.
Ningún heroísmo se espera, únicamente soledad y piedad. No para los demás, ni para mí siquiera. Piedad por la tristeza de nuestro género. Ni la compasión, ni la empatía me hubieran revelado nunca este dolor tan fuerte que rompe murallas y destroza montañas.
El corazón tiene sus motivos que la razón no puede entender. Ahora comprendo y siento en lo más profundo de mi alma el destrozo de la crueldad del desamor. Un placer que parte poco a poco cada órgano del cuerpo. Un triste grito de tu ente que lamenta la debilidad de la ternura humana en el instante de abandonar la vida.
La frialdad de un amor no correspondido, incomprendido y dejado al abandono hasta que se confunda con el olvido.
La tristeza de mi mente se mezcla ahora con la de mi corazón. Recuerdo los momentos felices con sufrimiento y acepto ya sin dignidad la desilusión con fuerza y sin remordimiento.
Perdono la traición, el desamor, el deshonor, perdono la frivolidad, la lujuria, la escasez de amor propio y perdono el egoísmo por prepotencia.
Ya no volverán los momentos felices, ya perdí hasta el más pequeño rastro de confianza en la raza humana. Me fue arrancado con despecho y odio, no hacia mí, sino por mí, por mi pertenencia masculina.
El querer aprender sentimientos olvidados por los caballeros, cuando la mínima ayuda se interpreta como un intento de aprovecharse... Odio lo que soy ahora, odio las penas patéticas de la gente, odio las mías... ¿Me habré vuelto insensible, vulgar, cruel, insensato o demasiado lúcido, inaguantablemente despreciable, odioso?
Tengo miedo a no volver a ser nunca más el sensible y amante chico en mi interior que fue asesinado mientras dormía. Tengo miedo a convertirme en este tipo de personas que nunca me han gustado, que hacen lo que quieren sin preocuparse de aplastar a los demás para llegar a sus fines.
Dadme una nota esperanzadora, una ilusión de felicidad, algo para agarrarme a esta vida. Dadme algo de sensación fuerte que irradie mi corazón de sangre ardiente, hasta quemar los sueños más profundos de mi alma. Llorar de felicidad, sonreír de tristeza, así nos vamos haciendo grandes y olvidando que lo más bonito de la vida es amar sin contar ni pensar.